En todo el recinto de la Alhambra existieron diversos baños públicos.

Heredados del mundo romano antiguo, los musulmanes adoptaron la costumbre de los baños termales como acontecimiento social y de relajación.


Estos baños fueron construidos por Mohamed III, con la intención de que sus ingresos ayudaran a financiar el mantenimiento de la mezquita junto a la que se sitúan.

Los baños no destacan por su tamaño, de hecho, el edificio es pequeño en relación a otros conocidos.

Sin embargo, ha llegado hasta nuestros días en un estupendo estado de conservación.

Aquí podremos observar todos los elementos que este tipo de edificios debían tener a disposición de sus usuarios.

En su interior encontraremos una distribución en cuatro salas, con los siguientes usos.

Una primera sala, hacía las veces de vestuario y se la conoce como sala de reposo.

Se iluminaba naturalmente por medio de una pequeña ventana en el techo, conocida como linterna.

En los laterales, existían bancos a modo de camas para el reposo de los bañistas.

A continuación, se pasa a la primera sala de baño; la sala fría.

De pequeño tamaño, dispone de una pila en el centro.

De ésta, los bañistas tomaban el agua fría con la que comenzaban el ritual del baño.

El siguiente paso, era la sala templada.

Esta sala cuenta, al igual que la anterior, con una bañera central y desde dos de sus laterales se accedía a pequeñas alcobas que aportaban intimidad.

La última sala que veremos es la sala caliente.

Como su propio nombre indica, en ella se tomaba el baño con agua muy caliente.

Como en la sala templada, existen habitaciones laterales para su uso como alcoba.


Ahora podemos acceder al interior de estos baños para visitarlos y si lo creemos oportuno, podemos repetir esta descripción durante el recorrido.